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La Sra. Calavera luce su mejor vestido de holanes y una corona de flores que no se quita ni para bailar. Elegante y coqueta, es la catrina perfecta para decorar cualquier altar.
Con su traje de mariachi, su sombrero galán y el paliacate al cuello, el Sr. Calavera llega listo pa' la fiesta. Alegre y coqueto, es el catrín que nunca falta a la serenata, porque para él la muerte también se baila.
Chiquita, redondita y de un naranja intenso, esta calabacita es el toque de temporada que no puede faltar en tu decoración de Día de Muertos.
La calaverita de azúcar nos recuerda que la muerte también puede ser dulce y colorida. Un clásico que no puede faltar en ningún altar.
Tejido puntada por puntada, con su clásico copete azucarado y ese olor a canela que solo imaginamos. No se come, pero enamora igual, este si no puede faltar en tu ofrenda.
Incluye 6 flores de cempasúchil tejidas a mano, listas para decorar el altar o formar el camino que guía a las almas de vuelta a casa. Su naranja intenso es la bienvenida perfecta para quienes ya no están, pero siguen presentes.
El Diablito es puro relajo. No es malo, solo le encanta robarse las miradas en cualquier ofrenda.
Chiquita, pero con mucha luz. Esta velita representa el camino que guía a las almas de regreso a casa: un detalle pequeño, con un significado enorme.
Elegante, misterioso y con su sombrero bien puesto, este gatito camina entre altares como si fueran suyos. Dicen que trae mala suerte… pero con esa carita, ¿quién se resiste?
Wen no le teme a nada, ni a los espíritus más traviesos. Con su sombrero puntiagudo, su escoba siempre lista y sus medias de rayas, convierte cualquier noche de muertos en una fiesta de hechizos.
Cuenta la leyenda que los perritos como Huesos guían a las almas en su camino. Con sus patitas pintadas y su carita traviesa, es el compañero fiel que no deja a nadie perderse en el camino.